Cuando preguntaron a Miss Texas 1991 qué esperaba de su año como reina de la belleza, en lugar de decir que soñaba con la paz mundial y el fin del hambre y las enfermedades, respondió que la fuerte caída del producto interior bruto y el aumento descontrolado del déficit público hacía prever dificultades y esperaba que se activasen los mecanismos pertinentes para evitar una crisis. Licenciada en Ingeniería por el MIT, Miss Texas lucía una preciosa cabellera rubia platino y tenía un tipazo que era la envidia de las top models; en la universidad la recibieron con la media sonrisa condescendiente del que prejuzga -ésta no aguanta un trimestre- y no solo lo aguantó sino que terminó con uno de los mejores expedientes académicos. Creó una marca de trajes de baño y montó 175 tiendas en Estados Unidos; y desarrolló un software para la industria aeroespacial que resulta ya imprescindible en cualquier proyecto a más de 10.000 pies de altura.
Muy presumida, coqueta, de modales impecables e inteligente como pocas.
Se casó pronto con un tipo chaparrito y medio calvo que no tenía un dólar, pero se ve que sabía lo que había que decirle para hacerla reír, porque en ninguna circunstancia fue vista la rubia sin el feo.
En Abril de algún año, Miss Texas acudió a un programa de televisión para ser entrevistada por un periodista especializado en economía cuya misión parecía ser encontrar la forma de ponerla en ridículo, porque no soportaba aquella combinación de belleza extraordinaria y éxito en los negocios. Tras la demostración de inteligencia de Miss Texas, el hombre preguntó con cierta sorna cómo es que una mujer tan lista se había presentado a un concurso de belleza:
- Porque me dio la puñetera gana- contestó ella sin más.
- ¿Hay algo en lo que no haya triunfado? preguntó él.
- Pues sí, me hubiera gustado también ser Miss California.
Santiago Romero. Onda Cero. Las columnas movedizas. 26/6/2020
No hay comentarios:
Publicar un comentario