Creo que he encontrado al fin el amor de mi vida. Es alguien que, sin pensar que podía serlo, lo es. Creo que Dios, después de enseñarme tanto, ha querido mostrarme lo mejor. Y cuando has luchado tanto por conseguir algo así, saboreas la victoria como un regalo merecido. Es un amor real y sincero. Es la paz en medio del ruido, la certeza en la incertidumbre, la grata compañía y el reflejo de todo lo que siempre esperé sin saberlo. Y eso, sin duda, es un milagro. Gracias al cielo.
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