martes, 3 de junio de 2025

El deseo entre las olas. Capitulo 2

Seducida por aquellos ojos brillantes y carnosos labios que la miraban divertidos Sarah respondió sorprendida:

—Gracias, joven… — tomando la flor con delicadeza, como si sus manos no supiesen recibir un gesto amable— Lamento mucho aturdir tu paseo con mi llanto en esta soleada mañana, en medio de este jardín precioso al cual has venido a despejarte.

—No se lamente — respondió el muy seguro - llorar es necesario, es natural, uno puede llorar y reir donde quiera, desahogarse entre arboles es terapéutico y sanador, usted no lo sabía?- Pausó con un breve silencio mientras ella miraba la flor- No quisiera entrometerme, no responda si no lo considera, pero que le causa tanta pena?

-He perdido todo lo que una mujer puede perder sin morirse en el intento.

Peter no dijo nada, pero dejó que el silencio hiciera espacio para la continuar. Ella respiró hondo, como si por fin le hubieran dado permiso para hablar.

—He perdido la fortuna, mi casa se desmorona, las bisagras crujen y no me llegan las manos para cambiar los cubos de agua de las goteras, mi anciano padre esta perdiendo la vista, necesitado de cuidados y yo, para desgracia, soy mujer. No puedo trabajar como querría donde una mujer viuda en esta sociedad por tal escándalo es una vergüenza en cualquier lugar.

Hizo una pausa, secándose una lágrima y continuó...

—Viuda de un hombre, oficialmente caído en combate. Extraoficialmente, los susurros entre las tazas de té de la alta sociedad apuntan a una pasión incontrolable surgida en las trincheras con un marinero ruso, y a que la guerra le vino de perlas para fugarse con la mejor de las coartadas: morirse.

Peter bajó la vista, como si esa historia pesara más de lo esperado.
Ella bajó la mirada hacia la flor, que ahora giraba entre sus dedos.

—Así que… gracias por esta flor. Puede parecer poca cosa, pero hoy es lo único vivo que puede dar color a mi hogar.

Peter se aclaró la garganta, visiblemente incómodo por tanto drama ajeno, pero también conmovido.

—Puedo traerle más flores… y pan. Puedo ayudarle con los clavos y la pintura en su casa si quiere.
—¿También sabe curar padres y limpiar el nombre de mujeres arruinadas? —preguntó ella, con una ceja en alto.
—No —admitió él—. Pero sé arreglar bisagras y cargar cubos de agua. Para empezar 😌

No hay comentarios:

Publicar un comentario