martes, 2 de septiembre de 2025

El deseo entre las olas. Capitulo 12

La mesa del salón estaba servida con una vajilla fina, y el aroma de la comida llenaba la estancia. Sarah se sentó junto a Isabella, con los pensamientos dispersos de la noche anterior. Los niños de Catalina gritaban, jugando por la estancia, mientras se batían en duelo con espadas de madera. Su tía y su padre todavía comentaban la aparatosa caída del señor Domingo, que lo mantuvo postrado en cama unos días.

—Te lo tengo que contar —empezó Isabella, inclinándose un poco hacia Sarah, con esa sonrisa traviesa que siempre presagiaba lío—. Peter me ha confiado un secreto de familia.

Sarah asintió distraída, apenas levantando la mirada.

—En junio —continuó Isabella— se casará con Clarisse, la hija del notario. Una joven que apenas viene al pueblo. Vive con su tía desde pequeña, porque sus padres decidieron que fuera mejor criarla en un lugar tranquilo. Solo tuvieron un hijo, a Clarisse, a quien siempre han sobreprotegido mucho. Peter… bueno, Peter casi no la conoce. Solo la ha visto en contadas ocasiones, cuando el padre de Peter la acercaba en su carruaje, por cortesía, al pueblo al volver de sus viajes de negocios.

Sarah fingió poco interés, pero por dentro se preguntaba si Peter todavía continuaría en realidad con ese enlace impuesto.

—El padre de Peter —dijo Isabella, en un tono confidencial— siempre le tuvo mucho cariño a Clarisse. Casi como si fuera su hija. Y desde hace unos años que planea este enlace. Ahora que el señor Arthur, el notario, está enfermo, cree que Peter debe casarse ya, antes de que sea demasiado tarde y tenga que cerrar la notaría por no tener un hijo varón a quien dejar el negocio. Según él, Clarisse es la mujer ideal para su hijo… aunque a Peter nunca se lo haya preguntado.

Isabella bajó un poco la voz, como para añadir un toque de picardía.
—Yo creo que es un error —dijo—. ¿No lo notas? Peter no la quiere… no de la manera que yo siento que quiere Peter... Lo sé por cómo a mí me mira.

Sarah la miró con sorpresa. Isabella había notado la cálida relación entre Peter y Sarah, y le encantaba que Frederick estuviese tan empeñado con Sarah… porque eso despejaba el camino hacia Peter. Al fin y al cabo, Frederick era ideal para su prima, era un hombre de su edad.

Sarah levantó un poco la mirada, sin mostrar emociones. Isabella la miraba con el orgullo de alguien que se siente triunfante.

Sarah sonrió levemente, aunque su corazón se encogió. Era imposible, no podía ser cierto… Peter no podía amar a otra que no fuera ella. No quería que esa idea calara en su mente, y sin embargo, Isabella la había sembrado con facilidad.

El resto de la comida continuó con risas y comentarios triviales, pero Sarah apenas prestaba atención. Su mente repasaba el calor del contacto con Peter en el granero, cómo se miraban y se besaban, y cómo había sentido que solo ella existía en su mundo.

Isabella, por su parte, siguió sonriendo, mientras observaba cómo su prima se sumía en sus pensamientos. En su interior, todo comenzaba a encajar: Frederick enamorado de Sarah, Clarisse, una torpe distraída sin pulso ni latido, y Peter todavía pendiente de lo que su corazón realmente deseaba. La jugada estaba en marcha.

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