miércoles, 16 de julio de 2025
El deseo entre las olas. Capítulo 7
viernes, 11 de julio de 2025
El deseo entre las olas.Capitulo 6
martes, 1 de julio de 2025
El deseo entre las olas. Capitulo 5.
V.
Peter no estaba de acuerdo con aquella unión, pero apenas podía discutirlo con su padre. El señor Joseph se encontraba casi siempre fuera del país, atendiendo negocios, y sus conversaciones eran breves, distantes y espaciadas.
Peter salió al porche, encendió un cigarro y ahí estaba Andrew, de pie junto al banco de piedra donde tantas veces Sarah se sentaba a pelar manzanas. El moreno del joven contrastaba con la luz pálida del atardecer. Llevaba aún en la mano un cesto con leña y algo de pan. Había llegado sin hacer ruido, como solía.
—Andrew… —dijo Peter, ladeando la cabeza con una sonrisa tensa—. Qué entrada más oportuna.
—Disculpa si interrumpí algo —respondió Andrew, sin devolver la sonrisa—. No sabía que estabas aquí. Sarah me pidió que trajera unas cosas para su padre.
Se miraron unos segundos. Ni un paso atrás, ni uno adelante. El silencio entre ambos pesaba, pero se sostenía bajo el barniz de la educación.
—¿Así que ayudas por aquí? —preguntó Peter, dando un paso hacia él.
—Cuando puedo —contestó Andrew—. Como he hecho siempre.
Peter asintió despacio, como si no supiera si aquello era una afirmación o una advertencia. Sus ojos se fijaron por un momento en el interior de la casa, donde aún flotaba el eco de la última frase que Sarah le había dicho.
—Qué bien —dijo Peter finalmente—. Sarah debe de agradecer tenerte cerca.
Andrew clavó la mirada en él, esta vez con algo más que cortesía.
—Sí, me tiene cerca desde que tengo uso de razón. Es como de la familia.
Peter le miró interesado
—¿Solo como de la familia?
Andrew no respondió de inmediato. Se limitó a apoyar el cesto en el suelo con más fuerza de la necesaria, pero sin brusquedad. Luego lo miró con frialdad serena, como quien mide sus palabras con cuidado.
—Eso depende de a quién le preguntes. Tú, por ejemplo… ¿cómo la ves tú?
Peter desvió la mirada hacia el mar, como si buscara allí una respuesta menos comprometida.
—Yo la veo como alguien… que merece algo mejor de lo que ha tenido.
Andrew sonrió, esta vez sin calidez.
—Entonces ten cuidado, Peter. Porque a veces lo que uno cree merecer y lo que uno está dispuesto a dar no siempre coinciden.
Una ráfaga de viento les revolvió el cabello a los dos. Ninguno se movió.
Desde el interior, la voz de Sarah llamó a Andrew. Él se giró, tomó el cesto y, antes de entrar, añadió sin volverse:
—Bienvenido a las ruinas.
Peter se quedó solo en el porche, con la sensación incómoda de que alguien había dicho algo con interpretación… aunque no supiera exactamente qué.
domingo, 15 de junio de 2025
El deseo entre las olas. Capitulo 4
miércoles, 11 de junio de 2025
El deseo entre las olas. Capítulo 3
Desde aquel día, Peter empezó a visitar la casa ruinosa de Sarah. La ayudaba con reparaciones, traía madera y pan, y hablaban durante horas bajo un techo que crujía más de la cuenta. Ella, entre clavos, pintura y risas, volvió a sonreír, aunque con esa cautela suave y digna de quien ha sobrevivido a demasiadas pérdidas.
Peter no preguntaba demasiado, pero escuchaba como si cada palabra suya —incluso las más triviales— merecieran. A veces la observaba en silencio mientras ella hablaba del color que quería para las cortinas o del nombre del gato del vecino. Pero no era distracción: era deseo contenido, era fascinación. Había algo en su voz, en sus manos manchadas de pintura, en la forma en que se recogía el pelo sin darse cuenta, que le resultaba irresistible.
Él no lo habría podido explicar, pero estar cerca de Sarah lo ponía tenso de una forma dulce. Como si todo su cuerpo se esforzara por no delatar lo que ya sabía su alma: que la deseaba, no como a un capricho de juventud, sino como se desea lo que se respeta y se admira.
Una tarde, mientras el sol ponía oro en las tejas agrietadas, Peter se mostró distinto.
—¿Se ha planteado alguna vez… rehacer su vida? —preguntó sin mirarla, como si temiera que el contacto visual lo traicionara.
Sarah se giró hacia él, sorprendida por el tono más que por la pregunta.
—Joven...soy una mujer en todos los sentidos en ruinas.
Peter la miró por fin, y en su mirada había un calor inesperado. Como si en esas ruinas él viera algo más.
—Hay ruinas que no necesitan restauración —dijo, casi en un susurro—. Solo alguien que sepa vivir dentro de ellas.
Ella lo miró con unos ojos diferentes que despiertan las cosas que podrían cambiarlo todo.
—¿Qué podría ver alguien en estas ruinas, Peter? —preguntó, sin apartar la vista esta vez.
Él tragó saliva…
Un golpe seco interrumpió el momento. Ambos giraron la cabeza al mismo tiempo.